Es posible el acuerdo!
El Gobierno del Presidente Correa negocia con el Movimiento Indígena, con los Maestros, con las Universidades y la “opinión pública”, de los Gutiérrez, los maderas de socialcristianos, los Cordes, los Mauricios y Fabricios, dicen que eso no sirve, por medio de sus cantaletas, mil veces repetidas a través de los medios vinculados.
Es un triunfo del proceso de transformación que el Gobierno negocie con los movimientos sociales y declare que lo que corresponde ahora es la redistribución de la tierra y el agua, el consenso de las propuestas para reformar la Ley de Minería, el acuerdo con los universitarios para aprobar la Ley de las universidades, la inclusión de los maestros a la revolución educativa; asuntos que por supuesto nos congratulan, pues la lucha social está provocando un momento de diálogo amplio y democrático, que permitirá un momento de impulso al proceso de transformación social.
Este proceso de transformación social, contradictorio y complejo, no puede sostenerse solamente en la habilidad comunicativa del Presidente, en los gabinetes itinerantes, enlaces sabatinos y cadenas de radio y televisión; y tampoco unilateralmente en la política redistributiva y subsidiaria a los más pobres. Tácticas por demás necesarias pero no suficientes.
Es el momento de fortalecer la política de alianzas sociales y políticas que permitan el desarrollo del sujeto social de la Revolución Ciudadana. Una especie de giro estratégico en las acciones tanto del movimiento PAIS, el gobierno y sus los aliados políticos actuales; como de los movimientos sociales y organizaciones políticas que apoyaron la Constitución de Montecristi; que le dieron contenido y profundidad al discurso del cambio; que haga de la reforma emprendida en el 2007, una revolución; es decir un cambio estructural de la economía, la cultura, la política, la sociedad en su conjunto.
Las mesas de diálogo abiertas a más para resolver los asuntos urgentes de la tierra, el agua, las minas, la autonomía universitaria, la evaluación de los maestros quizá podrían permitirnos visualizar también la necesidad de un espacio para debatir un acuerdo ideológico, programático y organizativo, que permita construir la dirección política colectiva de este proceso.
ABC
20/10/09










